El impacto de la Impresión 3D en la Arquitectura

La Tecnología 3D supone un avance en la Arquitectura; sin embargo, requiere de un cambio de mentalidad.

Hablar de impresión 3D, independientemente del ámbito, implica la reinvención irremediable del modo de llevar a cabo cualquier proceso. Si pensamos, por ejemplo, en el mecanizado de piezas industriales, las restricciones del propio mecanizado nos lleva a piezas imposibles de ejecutar, huecos inaccesibles, etc. El 3D printing nos abre un nuevo paradigma en el que se hacen posibles la mayoría de estos procesos.

Esto es lo que lleva sucediendo en arquitectura, donde la producción de una maqueta podía costar semanas e incluso meses y, además, el resultado dependía de las habilidades de la persona que ejecutaba ese trabajo; un trabajo que, sin duda alguna, resultaba ser puramente artesanal.

Este cambio supone un nuevo salto en el que el verdadero y único reto es el diseño. Ya no existe una variable en la materialización de la maqueta, derivada de la necesidad de contar con un artesano en cuya mano está el resultado de esa materialización. Con la impresión 3D se puede obtener, prácticamente, casi cualquier forma, por compleja que ésta sea.

De todas las tecnologías posibles, el método de impresión 3D más utilizado para la arquitectura es la impresión en sinterizado de polvo composite. Este material requiere de un post-proceso que lo endurece dándole la consistencia y el acabado necesario para un resultado óptimo. El proceso de impresión se lleva a cabo dividiendo el diseño en capas de 2 dimensiones. Lo más interesante es que con este proceso se pueden alcanzar precisiones de hasta 80 micras por capa lo que permite la impresión a pequeñas escalas sin miedo a la perdida de resolución en los detalles más diminutos.

Además, este tipo de impresión en sinterizado de polvo composite, tiene la ventaja añadida de que nos permite imprimir en 3D a todo color, y no nos referimos a una limitada variedad de colores sólidos, no; nos referimos a la posibilidad de introducir tramas, proyectar fotos o incluso reproducir a la perfección un tipo de material determinado. Y llegados a este punto, las posibilidades se nos antojan infinitas. Con todo esto, podemos fabricar modelos reales a escala que harán desaparecer la barrera de la percepción visual, permitiendo la visualización y legibilidad del proyecto, sin la necesidad de acudir a costosas visitas virtuales.

En cuanto al formato de ficheros, cualquier programa de diseño, desde el Sketchup hasta el SolidWorks, pasando por el 3D